Ahora que la horda de quinceañeras con blog las adolescentes de medio mundo han vuelto a exigir que se pongan de moda los vampiros, ¿qué mejor que una de vampiros de Mundodisco?

«Y a veces matamos a gente, aunque en la actualidad casi nunca. En todo caso, ¿qué mal hacemos exactamente? Presa y cazador, cazador y presa. La oveja fue diseñada como cena para el lobo, y el lobo como medio para prevenir que las ovejas pastaran demasiado. Si usted examina sus dientes, mi señor, verá que están diseñados para un tipo particular de dieta y, ciertamente, todo su cuerpo está diseñado para aprovecharse de la misma. Y lo mismo nos pasa a nosotros. Estoy seguro de que los frutos secos y las coles no les guardan rencor»

Como deducen las brujas de Lancre en esta novela, si Carpe Diem se puede traducir como Aférrate al momento... entonces el lema de la familia Urrácula, Carpe Jugulum, se puede traducir como Directo a la yugular. Un lema muy apropiado para una familia de vampiros. Ah, perdón; vampyros. Que es más cool y moderno. Porque ¿qué pasa cuando los vampiros se modernizan? ¿Qué sucede cuando aprenden y evolucionan? En Lancre saben que sus vecinos (en la superficie) de Überwald son, en su mayoría, criaturas bastante fantásticas; pero que las dos especies predominantes son los vampiros y los hombres lobo. Y que, en fin, a los vampiros se les mata de formas muy diversas y conocidas por todos: estacas en el corazón, ajo, símbolos religiosos, la luz del sol... Además, cualquier vampiro tiene vedado el paso a tu casa siempre y cuando no lo invites a entrar.

Pero en Lancre acaba de nacer una princesa, hija del rey Verence y de su esposa, la antigua bruja Magrat Ajostiernos. Y al rey de Verence se le ha ocurrido que invitar a sus vecinos vampiros, la antigua familia Urrácula, a la ceremonia de imposición de nombre de la niña puede ser un bonito gesto diplomático. Total, tampoco va a pasar nada... al evento están invitadas las brujas de Lancre (Yaya Ceravieja, Tata Ogg y la sustituta de Magrat, la joven y oronda Agnes Nitt). Y el evento lo presidirá un sacerdote. Por tanto, no debería haber ningún problema con la presencia de los vampiros.

El problema es que la familia Urrácula se ha... modernizado. Digamos que tienen creencias propias sobre su naturaleza y se han entrenado firmemente para hacerlas realidad; porque, en Mundodisco, si crees en algo con bastante fuerza, puedes hacer que se vuelva verdad. Así que se trata de una familia de vampiros, perdón, vampyros (es más cool y moderno) a la cual no les afecta ni el ajo, ni la luz solar, ni ninguna otra arma más allá de las que podrían dañar a cualquier ser vivo. Y, para complicar aún más las cosas, Yaya, la más poderosa de las brujas, la única que parece capaz de hacer frente a un peligro así, no ha recibido su invitación al evento...

De todas las series de Mundodisco, la que siempre me ha gustado menos es la de las Brujas de Lancre. Este es el último libro de la serie, que muere para dar paso a la serie de Tiffany Aching. Y se nota que Terry Pratchett ha querido hacer del fin de esta serie algo especial. Como bien dice Manu en la reseña, se trata de la novela más oscura que ha escrito en Mundodisco, al menos que yo sepa. Sí, es cierto que hay humor. Pero también es cierto que todo el tiempo está presente esa ominosa aura de fatalidad, esa sensación que dice que, quizá, las cosas esta vez están jodidas para la gente de Lancre. Y es que el Maestro demuestra que puede ponerse serio cuando quiere.

Por supuesto, el Maestro no deja pasar la ocasión de atacar de nuevo a las organizaciones religiosas, a través de la crisis de fe del sacerdote Poderosamente Avena, quien tiene un pensamiento demasiado analítico, así como demasiados conocimientos, como para no darse cuenta de que las escrituras sobre su dios Om se parecen sospechosamente a las escrituras y cultos de otras muchas religiones anteriores.

Para ser de las Brujas, creo que es un muy digno final de la serie. Eso sí, que nadie espere carcajadas. Esta vez esta novela no es para reírse, sino para presenciar una batalla épica entre el bien y el mal.

Que tampoco viene mal de vez en cuando.